miércoles, 10 de octubre de 2012

Blancos y esclavos se fueron a la guerra…juntos


Por José Gilberto Valdés
 El 10 de octubre de 1968 marcó un punto de cambio en el largo y tortuoso camino de la nación cubana. Pudo ser en esa fecha o en cuatro días más tarde, sin embargo, el bayamés, abogado y poeta Carlos Manuel de Céspedes (1819-1874) consideraba que ya era el momento para convocar a las armas por  la independencia de España, que gobernaba  a la Mayor de las Antillas con brazo de hierro ensangrentado.


 Con la mezcla de culturas aborigen, española y africana se había formado el criollo: un sujeto   que toma conciencia de sí mismo y muchos se reconocían como alguien diferente al “español”, en tanto prevalece el amor por la tierra.

Las ideas independentistas  del alzamiento en el  ingenio azucarero  “La Demajagua”, en la región oriental de la Isla, tienen antecedentes, según algunos investigadores, en 1603, cuando también los bayameses tomaron las armas para defender, ante las autoridades españolas, su derecho de subsistencia a través del comercio de contrabando.

Más de un siglo después se registran las sublevaciones de los vegueros  ante el establecimiento del Estanco del Tabaco, que daba el control total de la compraventa de este producto que facilitaba  a los peninsulares un provechoso negocio.

Una expresión de patriotismo fue, sin dudas, la defensa de la villa de Guanabacoa dirigida por Pepe Antonio, ante la toma de La Habana por los ingleses en el año 1762.

  
La gesta del 1868 a 1878 constituyó el crisol de la Nación Cubana. En el desigual combate contra la metrópoli española se fortaleció el orgullo nacional, unió en el campo insurrecto a hombres poseedores de riquezas, intelectuales, campesinos, pobres y sobre todo a las dotaciones de negros  que alcanzaron la libertad producto de la contienda independentista

Hace 144 años, blancos y esclavos se fueron a la guerra…juntos

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