sábado, 29 de marzo de 2014

MANUEL DE QUESADA, UN GENERAL DE CUBA Y AMÉRICA




  • Primer General en Jefe del Ejército Libertador de Cuba
  • Combatió en México a los invasores franceses

 Por José Gilberto Valdés

El apellido Quesada es uno de los más antiguos de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe (hoy Camagüey) y está relacionado con muchas familias de precursores que emprendieron el camino a la manigua en la lucha independentista de la metrópoli española.
Entre los que ostentan el ilustre  apellido se encuentra Manuel de Quesada Loynaz, nacido el 29 de marzo de 1833 en esta andariega localidad, fundada hace medio milenio por los españoles, en la región centro oriental de la Isla de Cuba.
Criollo de pura cepa, cuando apenas cuenta veinte años de edad se sumó a la organización secreta “Sociedad Libertadora de Puerto Príncipe”. El historiador camagüeyano José Fernando Crespo Baró afirma: “Este hecho confirma su conciencia política y práctica patriótica en relación con el movimiento encabezado por el camagüeyano Joaquín de Agüero y Agüero, cuyo proyecto igualmente emancipador estaba enfilado contra el gobierno absolutista”. (1)
Desmembrado el intento anticolonialista, las intenciones liberales de Manuel de Quesada son postergadas y perseguido por infidencia abandonó la Isla, oculto en un barco en julio de 1855. Su destino fue New York de donde parte años después a México para sumarse a la resistencia contra la invasión francesa. En el país centroamericano se destaca honrosamente en las acciones militares que encabezaba Benito Juárez y alcanzó el grado de General de División.
Tenía grandes aptitudes militares, y era muy astuto y valiente”, dijo general mexicano Porfirio Díaz, acerca de la participación del camagüeyano en la guerra para derrocar al imperio de Maximiliano (1857-1861).
Regresó nuevamente a los Estados Unidos. En 1868 conoció la noticia del alzamiento de orientales y camagüeyanos encabezado por Carlos Manuel de Céspedes. Entonces se le apreció en medio de los preparativos de la primera expedición de hombres y miles de armas que a bordo de la goleta “Galvanic” desembarca el 27 de diciembre de 1868, en la costa norte de Camagüey.
Por su experiencia y conocimientos militares es nombrado días después como jefe de los insurrectos en la región. El 12 de abril de 1869 fue designado General en Jefe del Ejército Libertador, con la aprobación de Asamblea Constituyente de la República en Armas, celebrada en el poblado de Guáimaro. “Integró a su Estado Mayor un grupo selecto de jóvenes, entre quienes sobresalían sus ayudantes venezolanos Cristóbal y Tomás Mendoza, nietos del primer presidente de Venezuela independiente y los cubanos Antonio Zambrana y los hermanos Manuel y Julio Sanguily”.(2)
Sin embargo, a finales del propio año, en medio de una activa campaña militar y aseguramiento logístico para el ejército, es destituido por las apreciaciones inadecuadas de la Asamblea de Representantes   de que la manera en que Manuel de Quesada ejercía de su mando lo conducía supuestamente a una dictadura militar. Este fue uno de los tantos procedimientos erróneos que condujeron después al final infructuoso de la “Guerra de los Diez Años”.
El presidente de la República en Armas, Carlos Manuel de Céspedes decide encargarlo, como Agente Especial,  de la preparación en el extranjero de expediciones como la del vapor Virginius, que realizó tres viajes a la Isla, ante de ser detectado,  y la Expedición Venezolana de Vanguardia,  para apoyar con hombres, armamentos y otras vituallas a las fuerzas mambises que se enfrentaban al ejército español.
Después del pacto de Zanjón, que puso fin a la lucha entre cubanos y el gobierno español, se radicó en Costa Rica. Enfermo, pobre y casi solo, fallece el 30 de enero de 1884  Manuel de Quesada, un general de Cuba y América.




sábado, 22 de marzo de 2014

EL SONIDO DEL CLARÍN Y LA GUERRA DE PENSAMIENTO



Por José Gilberto Valdés
Desde el 24 de febrero de 1895 en los montes de Cuba se
escuchaba nuevamente el sonido del clarín y los patriotas respondían con el acero al acero. Pinos nuevos y experimentados mambises se disponían a lograr, de una vez por todas, la independencia del colonialismo español. Había terminado la tregua fecunda, tras la Guerra de los Diez Años (1868 - 1878).
Cientos de kilómetros hacia la salida del sol, en un apacible y pintoresco lugar de la costa norte de República Dominicana, bautizado por Cristóbal Colón como Montecristi (Monte Christy 1493), las noticias del reinicio de la contienda bélica van de boca en boca de los conspiradores.

Ahí coinciden dos hermanos de ideales: el prestigioso general Máximo Gómez, delgado, barba blanquecina, mirada viva y penetrante, que quiere sentir otra vez el fervor de las cargas al machete de la caballería, y el Delegado del Partido Revolucionario Cubano, José Martí cuyo verbo apasionado y profundo había levantado voluntades para reanimar, entre tropiezos y gratificantes espaldarazos, el movimiento insurreccional en la Mayor de las Antillas.

La convergencia de los líderes del alzamiento tiene el objetivo de ajustar la trama conspirativa para incrementar la lucha en tierras cubanas. Se propone que Gómez y otros viejos luchadores se sumen a las operaciones combativas, en tanto Martí regresaría a New York, para asegurar pertrechos, hombres y el apoyo propagandístico. El Delegado acata disciplinadamente la decisión, pero no pudieron convencerlo en una segunda oportunidad del análisis del escenario incipiente de la Revolución.

 Transciende paralelamente  un importante acontecimiento cuando ambos avezados conspiradores dedican intensas horas  a la redacción del programa de acción política y militar que denominan Manifiesto a Cuba del Partido Revolucionario, el cual rubrican el 25 de marzo de 1895 y en  cuyo primer párrafo declaran:

 "La revolución de independencia, iniciada en Yara después de su preparación gloriosa y cruenta, ha entrado en Cuba en un nuevo período de guerra, en virtud del orden y acuerdos del Partido Revolucionario en el extranjero y en la Isla, y de la ejemplar congregación en él de todos los elementos consagrados al saneamiento y emancipación del país, para bien de América y del mundo...

Este valioso documento pasa a la historia como Manifiesto de Montecristi y constituye, sin dudas, una importante arma en la guerra de pensamiento, contra el gobierno colonial empeñado en desacreditar el movimiento revolucionario que se expandía por toda Cuba.

 Días después de su rúbrica, se traspasan hábilmente las fisuras en el espionaje y las manipulaciones diplomáticas de la metrópoli, para llevar el patriótico texto a la imprenta fuera del suelo dominicano y distribuir, posteriormente, dentro de Cuba y gobiernos latinoamericanos unos diez mil ejemplares del argumento para estrechar filas en favor de la continuación de la guerra independentista.

Se actúa con mucha cautela para evitar indiscreciones, pero impuestos de la premura de multiplicar el Manifiesto,  incluso el Delegado da instrucciones a sus colaboradores en New York que no se empleen los talleres de impresión donde se editaba el periódico Patria. Aún estaba latente el revés del Plan Fernandina, donde se incautaron los recursos previstos para una guerra de corta duración en la Isla.

El Manifiesto de Montecristi formaba parte de la batalla ideológica orientada por José Martí en los preparativos de la contienda: “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento.”







lunes, 17 de marzo de 2014

ALUMNOS DE PERIODISMO SECUESTRAN PERIÓDICO


Por José Gilberto Valdés
No se trata de un título prensa amarillista, mucho menos sensacionalista. Ambos procederes están proscritos de la
ética periodística, con profunda raíz martiana, que se  enseña a los estudiantes de periodismo en Cuba.
Sencillamente me sumé al juego de palabras del editorial que el fin de semana  vio a la luz en el semanario ADELANTE, con medio siglo de fidelidad a la Revolución, que se edita en la centroriental provincia de Camagüey.
 Allí se lleva a cabo desde hace siete años la interesante práctica de que artículos, noticias y reportajes correspondientes a la publicación cercana al 14 de marzo, Día de la Prensa Cubana, sean elaborados por estudiantes de periodismo de la Universidad de Camagüey “Ignacio Agramonte Loynaz”.

Siempre he sido partidario  que el ejercicio reiterado en las redacciones de los medios de prensa de lo aprendido en la academia, contribuye inobjetablemente a la forja del oficio, con la solución  a los tropiezos y la sonrisa satisfactoria en los acierto. No se trata de cumplir etapas de prácticas calendarizadas  por régimen docente. Por tal razón, mi lectura aprobadora a esta iniciativa conmemorativa de mis colegas del ADELANTE y, sobre todo, la convocatoria a mantener la puerta abierta con un letrero en la puerta: SE ACEPTAN PROPOSICIONES, para estimular la creatividad de periodistas en ciernes el transcurso del año.
No pude sustraerme a la tentación de revisar TODOS los materiales - con el ojo evaluador del profesor que he sido de algunas de esas firmas- que aparecen en la edición ADELANTE del 15 de marzo. Para muchos es conveniente la máxima calificación, incluso con asterisco, pocos necesitarían pulido para ser luz del diamante.

sábado, 15 de marzo de 2014

NO SE TRUNCÓ EL CAMINO HACIA INDEPENDENCIA



Por José Gilberto Valdés

En 1878 parecía que el tortuoso camino de la lucha por la independencia de Cuba finalizaba en la zanja cavada por aquellos que optaron por capitular con el habilidoso general español Arsenio Martínez Campos.
La Guerra de los Diez Años no tendría un final feliz, por el incontrolable caudillismo y regionalismo, indisciplinas y la ausencia de un mando único desatado entre los cubanos que hicieron fracasar la unidad.
Sin embargo, muchos de los criollos en guerra  -- sobre todo en la parte oriental de la isla--, no aceptaron las enmiendas del “Pacto del Zanjón” que en modo alguno satisfacían la demanda de independencia de la metrópoli española, la abolición de la esclavitud y la autonomía económica.
Entre ellos estaban el Mayor General del Ejército Libertador Antonio Maceo, un mulato “…nacido como la mayoría de los mambises de fila en cuna de palmiche…”(*), convertido en leyenda, con la fuerza en el brazo y la inteligencia.
El prestigioso general mambí protagonizó la Protesta de Baraguá (**), el 15 de marzo de 1878, que ha trascendido en la historia como un glorioso hito de la dignidad cubana, y  en el supremo intento por la victoria. Si bien las fuerzas antillanas estaban desgastadas, tampoco el colonialista poseía una situación financiera favorable para mantener las hostilidades.
Maceo y sus seguidores no depusieron las armas. La intransigencia patriótica mostrada aquel 15 de marzo de 1878  fue inspiración de las generaciones de cubanos que continuaron la gloriosa marcha por el camino de la independencia de la Patria.

*(Retorno a la alborada, Raúl Roa)
** Mangos de Baraguá, paraje campestre en la región oriental de la Isla.