sábado, 4 de julio de 2009

La dignidad del pueblo de Morazán




Por José Gilberto Valdés

Durante siete jornadas, noche y día, he asistido a una conferencia magistral de dignidad: El reclamo popular para el retorno a la constitucionalidad del estado en la República de Honduras.

Desde el domingo anterior, el pueblo inunda las calles y avenidas de Tegucigalpa para enfrentar a los militares golpistas, quienes en nada, absolutamente nada, se parecen al general Morazán (nació en 1792 – fusilado en 1842), hondureño que encarna el ideal unionista centroamericano.

Hay que ver el ejemplo de ese gran visionario, pensador y político liberal, en la figura del presidente Manuel Zelaya -despojado de su cargo a punta de fusil y amenazas-, quien no ha cejado ni un minuto de alzar su voz acusadora en tribunas internacionales, en la prensa, escrita, radial y televisada.

Con la misma entereza que enfrentó a los asaltantes de su vivienda el pasado domingo, Zelaya reitera ahora que regresará mañana 5 de julio a su país para enfrentar a la asonada golpista.

Organismos internacionales, organizaciones sociales y partidos, los pueblos del mundo han expresado la solidaridad con los hombres y mujeres hondureños, quienes tienen el reto de sepultar el gorilismo, como se expresa en el mensaje transmitido desde las cinco celdas en Estados Unidos de América, donde están recluidos injustamente los antiterroristas cubanos Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René.

En el análisis personal de los acontecimientos en Honduras recuerdo que uno de ellos, Antonio Guerrero, escribió las siguientes estrofas en su poema “Más que una proclama”.


La dignidad es una semilla
Que se siembra y crece
Es una paloma blanca
Es una novia única
La dignidad es estar justamente
Donde se es útil
Es cada vez que te caes volver a parar
La dignidad es un hecho real
Siempre hay que defenderla
Es contra un Goliat
Lanzar la onda
….