viernes, 26 de diciembre de 2014

TRADICIONES DE FIN DE AÑO EN LA FAMILIA



Por José Gilberto Valdés
El 25 de diciembre siempre es pretexto para fortalecer relaciones humanas, bueno por eso es Navidad. La costumbre de los cubanos, similar a otros pueblos, permite en ese día actualizar las noticias en torno a la vida cotidiana y, sobre todo, expresar  muy buenos deseos al prójimo.
Recuerdo a mi amplia casa de tejas de barro en la zona céntrica de la ciudad de Camagüey como punto de coincidencia para una tradicional familia de muchos “valdeses” y “aguilares” que nos reuníamos para celebrar la fecha católica, extraída en un ajiaco de creencias religiosas.

Con actos de sacrificio, como el sincrético  Mesías, siempre los mayores de la familia contabilizaban de cierta manera la disyuntiva de cosas caras con soluciones pobres, para en la víspera (Nochebuena) colocar sobre la mesa de una decena - o más- sillas el lechón asado, arroz con frijoles, vianda hervida, tostones de plátano, ensaladas de lechuga y tomate, bebidas y buñuelos de yuca, entre otros dulces, luego de los ancestrales saludos quiay y ¿cómo andái vos?, que caracterizan al habla en esta región cubana.
Niños y adolescentes tampoco en esta ocasión estábamos tranquilos. Aprovechábamos la flexible custodia maternal para llevarnos a la boca algún alimento tomado a hurtadillas o desandar la casona hasta que el tropelaje rozaba el árbol de frágiles bolas y pequeñas luces de colores, adornado con algodón para simular la nieve, en una de las esquinas de la sala. A salvo la maqueta de Belén, pero recibíamos buen regaño, casi con el pétalo de una flor, en fin eran tiempos de perdón. Al rato continuaban las andanzas.
Siempre fuimos los “muchos” en las celebraciones, posteriormente compartidas por relación familiar y con buenas amistades. Más allá de las creencias religiosas, no se apartó esta fecha en la mente de los cubanos, y se buscaron pretextos en el intenso quehacer del día a día para el agasajo, aun cuando  no tuviera semejanza a los antecesores.
A finales de los noventa, relacionado con la visita del Papa Juan Pablo II,  en Cuba se restableció el 25 de diciembre, tras varias décadas, como día feriado no laborable, para complacencia de cristianos y oportunidad de no creyentes.
Con el paso de los años han  cambiado el escenario y parte de los protagonistas. La familia  se ha multiplicado, sigue siendo de los “muchos”, reconocidos en el barrio y en los respectivos centros de trabajo y escolares. Ahora somos los “valdés-muñoz” quienes tenemos atracción magnética y aún necesitamos más de una decena de sillas.  Seguimos interpretando la disyuntiva de cosas muy caras con salarios medios para reunirnos en la fecha de tradición familiar, desearnos felicidad y prosperidad. Pasada la Navidad, en días tendremos la cena por el advenimiento del Año Nuevo, coincidente con el aniversario 56 del triunfo de la Revolución Cubana.


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