sábado, 17 de marzo de 2012

Nikitín, un inmenso escritor radial

( Escrito por Josefa Bracero Torres en Portal Radio Cubana, sábado, 17 de Marzo de 2012)

Si usted preguntara en cualquier emisora de radio en el país por José Rodríguez Lastre, estoy segura que la gran mayoría contestaría que no conocen a ninguna persona con ese nombre. Sin embargo, si se indagara por Nikitín, enseguida saltaría alguien para decir: sí, cómo no, sus excelentes obras, sobre todo de radio, han sido disfrutadas en toda la nación.

Yo lo conocí en 1970, cuando ya los muchachos de Liverpool comenzaban a romper los récords en nuestra discoteca, para iniciar por todo lo alto la década prodigiosa de la música. A Los Beatles se unirían en la preferencia, fundamentalmente los grupos españoles. Ambos llegábamos ese año a Radio Cadena Agramonte, la emisora provincial de Camagüey. Yo, una locutora principiante; él, con cartas credenciales ya presentadas con éxito en la radio de Santiago de Cuba. Si algo me llamó rápidamente la atención fue su carácter afable, su sonrisa franca, su honestidad, incapaces de esconder los prejuicios de la época.

Cuando conversábamos, su sinceridad y su valentía para asumirse como era, me convencieron de que estaba ante una persona muy sensible y, sobre todo, ante un talento poco común, que sería un insulto no fuese aprovechado cabalmente. Por eso, no obstante que casi somos contemporáneos, sentía que debía aconsejarlo y cuidarlo como una madre y así lo he querido: apreciando su obra, sus cualidades personales, más allá de las concepciones prehistóricas que danzaban, y cómo, también en la década prodigiosa.

Cuando me decidí a pedirle una entrevista sabía que no iba a ser fácil seguir los cánones normales aprendidos en la Universidad. Tenía que apartarme de ellos para dejar flotar el corazón de este hombre, de este escritor, que no por permanecer en el querido terruño, se le puede negar un puesto de honor en la memoria radial y en la cultura de nuestro país.

Por eso le pedí, no una entrevista, sino un acto de profesión de fe, sincero como él sabe hacerlo y que me hablara en voz alta sobre lo que ha sido su vida. He aquí, de forma inusual, estos:
Comentarios sobre mí mismo

"La mayoría de las personas que escuchan las novelas que escribo para la radio terminan por decirme que si ellas me contaran sus vidas, yo iba a escribir la mejor novela del mundo, y no dejan de tener razón. Cada vida es una historia apasionante, cada ser humano vive con su melodrama a cuestas, y la mayoría de las veces no sabe qué hacer con él. De hecho, mi vida también es una novela apasionante, como puede serlo cualquier otra, incluso יEn busca del tiempo perdidoי, rara analogía con mi existencia, en la que he perdido un tiempo que jamás voy a recuperar, lo cual se muestra, por ejemplo, en un personaje como Ludovico Fumero, con el cual no sé ahora mismo qué haré porque le han vaciado una andanada de seis tiros y ha quedado vivo; no tengo la menor idea ahora de cuál será su derrotero, su vía, su karma.

"Lo menos que pensé en la vida es que yo fuese a devenir en escritor de melodramas radiales, lo menos que soñé fue que tendría que engarzar historias entre tramas y subtramas que, en la mayoría de los casos, llevasen a unos finales que los oyentes desearan. Mucho menos lo sospeché, porque mis inicios en el mundo de las letras fueron ese romance donde obtienes un premio, donde ganas dinero, cuando tienes 19 años y todo se llena de un verdadero color de esperanza. Sucede que hasta entonces, o sea hasta 1966, había estudiado en la Escuela de Artes Plásticas provincial y, casi al punto de graduarme, dirigentes culturales de mi provincia decidieron que eso no debía ser, que no importaba que tuviese talento, pero que era un ser muy evidente en mi manera de exponer la condición sexual que me ha acompañado. Era un tiro de gracia, y no me tiré en la cama a dar gritos, sino que escribí, y al año siguiente estrenaba mi primera obra de teatro, o sea que lo primero que había escrito, al poco tiempo estaba puesto en escena, y lo más curioso del caso es que la noche del estreno, los mismos que no me dejaron graduar como pintor aplaudían con furor mi entrada al ámbito teatral.

"Así que este mundo comenzó a resultar, para mí, absolutamente incomprensible y ahora, con 64 años, lo sigue siendo. Pues ¿me esperaba un destino como el de Eugene OיNeill? ¿Así mismo? ¿O como el de Tennesse Williams?: con mi segunda obra, yo estaba en pie en un inmenso proscenio y un público frenético gritaba "bravos" y aplaudía enardecido. Y yo ahí, observando al público entusiasmado, sin contar que, entre bambalinas, estaban los mismitos dirigentes culturales de entonces.

"Ah, pero en enero de 1969, hice entrada triunfal en la emisora CMKC, de Santiago de Cuba, de mano de una de las personas más peculiares y generosas que he tenido oportunidad de conocer: José Soler Puig, quien escribía para esa emisora y acababa de evaluar un cuento que yo había escrito. El encuentro con Soler fue muy original y la cuestión fue que, gracias a su opinión sobre mi trabajo, me vi en segundos contratado para trabajar en Radio Revolución, cosa que hice a partir de ese momento por más de un año, y de donde salí para integrarme como asesor del Conjunto Dramático de Oriente, faena que duró muy poco, porque ya el primero de septiembre de 1970 estaba firmando con Radio Cadena Agramonte, de Camagüey, lo que sería y sigue siendo el verdadero universo de la novela radial en que he estado inmerso por más de 40 años.

"La década del 70 fue prodigiosa para mí. Mientras que para una serie de figuras de las letras cubanas se convertiría en lo que se ha dado en llamar el יquinquenio grisי, yo andaba frescamente escribiendo seriales sobre próceres de la Patria y ganando un sueldo bajísimo, pero con el cual podía vivir tranquilamente, sin más pretensiones. Ahora, cuando gano, resulta siete veces más, y me sigo quedando en el aire.

"De vez en cuando puedo salir a la superficie y coger aire para sumergirme de nuevo en la pecera de mi imaginación y dar vueltas a algunas ideas, como por ejemplo estas de ahora que tienen que ver con un prostíbulo de ricos en plena ciudad, allá por los años 50 del pasado siglo donde viven unas rameras יbuenísimasי porque quiero que sean así, y las redimiré de ese mundo y las sacaré del cieno. Esta nueva novela, a la que he hecho alusión con el lío del senador tiroteado, se titula יDoña Carmelinaי, como es conocida la dueña del afamado prostíbulo más caro de la isla por entonces. Salvaje.

"Radio Cadena Agramonte, hasta 1980, fue como una casa, como sitio de refugio para mí, por eso iba todos los días. Luego eso cambió, quizás porque muchos amigos se fueron de mi lado. Pero desde entonces se me metió en la cabeza escribir la novela radial con todos los ingredientes, salsas, cocciones y sabores de la "jabonera", aunque con un nuevo modo de tratamiento, y creo que lo logré. Es cierto que he ganado infinidad de premios y distinciones, incluso por la Cultura Nacional, pero es verdad que sigo sentado delante de una Olympia portátil, pieza museable sin lugar a dudas, haciendo magia.

"He recibido muchos premios en los Festivales de Radio, premios Caracol que vienen siendo como un יOscar radial insularי, también unas cuantas menciones, y que en dos ocasiones he sido seleccionado como el mejor escritor radial de Cuba. He estrenado cuatro obras de teatro que cayeron precipitadamente por el foso ante los atónitos ojos de los espectadores. Sin embargo, he vivido y he reído y he jodido, y he hecho por mí mismo milagros que otros no han podido hacer; aunque me muerda los codos, doy gracias por haber sido una persona que ha escrito folletines, o sea que ha vivido de lo que sabía hacer.

Hace unos pocos años, a raíz de habérsele otorgado a la parte vieja de mi ciudad de Camagüey el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad, estaba una tarde sentado con otro lugareño en un parque, y llegaron dos jóvenes con una cámara que tenía un largo micrófono. La persona que estaba conmigo no tuvo más que decirle a la muchacha viva e inteligente que yo era escritor para que ella pidiera una entrevista. Le rebatí diciéndole que yo era un folletinero, pero la muchacha insistió. Ganó la juventud maravillosa de aquellos dos periodistas de Reuters y accedí. Soy José Rodríguez Lastre, escritor medieval de una emisora de provincia y un ser humano que busca, por encima de todas las cosas, la paz, no la de los sepulcros, no, sino la que pueda ganar día a día".

Hasta para abrir su corazón sin mordazas, Nikitín, eres auténtico, sencillamente genial

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