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martes, 6 de enero de 2015

UN INUSUAL DÍA DE REYES



Por José Gilberto Valdés
La víspera del seis de enero de 1976, junto a mi esposa preparábamos  la primera celebración de nuestro hijo Gilberto en el tradicional Día de Reyes, sin arbolito y maqueta de Belén. En la noche,  recibíamos una visita esperada, dado un secreto que corría de boca en boca, pero que aun así causó sorpresa. El joven militar expresa, lacónicamente: “El Jefe (primer comandante César Lara Roselló)* quiere hablar contigo”.
Minutos después aguardaba sentado en la oficina del ayudante. Tras el saludo reglamentario, la situación se relaja. La sonrisa en los labios de otros oficiales presentes me da más confianza. Me explican que el objetivo de la convocatoria es necesidad de un reservista que hable inglés para una misión. “Mira -apunta Lara con singular nobleza- organizamos el Estado Mayor de una unidad que parte para Angola y quiero conocer tu disposición para ir con nosotros”. La conversación es breve. Tras la respuesta afirmativa, me orienta “ve a la casa, despídete de tu gente, mañana temprano aquí, listo para partir”

Confié la situación a Boudet, el director del periódico. A la mañana siguiente, un yipi  de “ADELANTE” nos recoge. Dejamos a mi señora y al niño en el círculo infantil. Después Villalobos me deja en el portón de la unidad militar. Confirmada mi presencia, hay fuertes apretones de manos de varios oficiales conocidos en las actividades de preparación combativa me acompañan al costado de otro vehículo.  
Dando tumbos por los caminos del polígono de las FAR, el landrover llega al borde de un campamento de casuchas provisionales con techos de hojas de palmas y lonas. El “diestro” chofer comenta la semejanza con una aldea africana. ¿Lo sabría por fotos? Localizamos a los exploradores y me presento. Es una compañía que participó en la gran maniobra Primer Congreso del PCC. Se quedaron en pleno, voluntariamente,  para cumplir la misión internacionalista. Al fin intercambio con el nuevo jefe, un mulato oriental, de apellido Lavadí. Me explica el orden de la partida: el en avión, yo con la tropa en barco. Allá nos veremos.
Las horas del seis de enero pasan rápido. Firmo el compromiso de voluntariedad y luego voy al chequeo médico –la presión arterial no me jugó una mala pasada…gracias al zumo de un limón- y con el habitual recelo me pongo las vacunas. Por primera vez, tengo uniforme a la medida, no como el chiste de los reclutas del SMO o son muy grandes o chiquitos. Me completan el equipo de campaña con la mochila, hamaca, frazadas... Cara de asombro cuando ponen en mi mano el paquete individual de primeros auxilios. La supuesta realidad apretada por mis dedos. La foto para el pasaporte es tomada con el saco de un traje (sólo la parte delantera) y corbata que emplearon muchos. Concluyó así aquel inusual Día de Reyes. En la noche, un cine móvil proyecta una película soviética de guerra.  Una voz en la penumbra comenta si “la cosa será así…”
La mañana siguiente nos bañamos a pleno sol con la manguera de un tanque de agua, tan fría como la brisa de enero, que habían traído en una carreta. Alguien alerta a los “encuerados” la presencia de las enfermeras. Nos ponemos detrás del vehículo. Vestidos de civil aguardamos por una columna de ómnibus. Vamos para  Nuevitas.
La gente ha salido a las calles para saludar a la caravana de combatientes y gritan consignas, saben porque estamos ahí, a dónde vamos en los barcos fondeados en el puerto…En fin, todos éramos  parte de un secreto militar guardado celosamente por ocho millones de cubanos, según apunta Gabriel García Márquez** en un artículo sobre la primera parte de la Operación Carlota.

*Falleció el 12 de febrero del 2014, con los grados de general de brigada. Cumplió misiones internacionalistas en la República Árabe de Siria y en dos ocasiones en la República de Angola.
** Revista Tricontinental (1977)

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