miércoles, 28 de enero de 2015

UN 28 DE ENERO DIFERENTE, HACE 39 AÑOS





Por José Gilberto Valdés
Para centenares de cubanos resultó diferente el 28 de enero de 1976. En completa disposición combativa montaban sobre los camiones y blindados de la columna verdeolivo que se organiza en Catofe, en la región central de Angola. Muchos recuerdan el significado de la fecha martiana en la inspiración de los revolucionarios, aun cuando estamos presentes a miles de kilómetros de la Patria.

 La marcha se inicia entonces por un camino polvoriento que no deja de mostrar el rastro de la guerra. Como una serpiente –palabra que pone en tensión a los novatos- la caravana repta entre la sabana casi pelada, bordeada por colinas. Cada cierto número de carros, soportan el incómodo viaje los operadores de las “cuatro bocas” listas para el fuego rasante. Los choferes no desatienen el seguimiento de las huellas de los vehículos que le anteceden. Las agujas de sus brújulas marcan el este.



Un par de días antes de la celebración del natalicio de José Martí, un grupo de avanzada acondicionó una amplia posada de carretera para un puesto de mando para recibir a las unidades militares desembarcadas en Luanda. Con un amargo sabor se comenta el desastre sufrido por las tropas cubanas que nos antecedieron en Catofe, cuando fueron sorprendidas por fuerzas sudafricanas. Entre los oficiales, una y otra vez, se reitera que tales errores no pueden repetirse. Fueron días de mala racha que deben tener fin.

 Para esta fecha martiana, en tanto se preparaba rápidamente nuestro refuerzo, unidades de combatientes internacionalistas y las FAPLA (Fuerzas Armadas Populares para la Liberación de Angola) mantienen el empuje contra el invasor que se retira volando puentes, minando, poniendo obstáculos, olvidando compromisos con los fantoches nacionales.

No creo que haya sido difícil a los sudafricanos obtener información de la cantidad de barcos atracados en el puerto de Luanda, con numerosas  fuerzas, tanques, cañones y otros pertrechos militares que apenas tocan tierra se enrumban a los distintos frentes. Ya, desde la clausura del Primer Congreso del Partido (22 de diciembre de 1975), Fidel había reconocido oficialmente que había tropas cubanas luchando en esta nación africana liberada recientemente del cominio colonial portugués. Pero el enemigo aquí, y en los centros de inteligencia yanqui no podían calcular los miles de voluntarios, que entre el olor a pólvora, dedicaban todos los esfuerzos para causar un revés a Sudáfrica, a los mercenarios y a los traidores, quienes pensaban que era un paseo aplastar la voluntad del pueblo.

Par de meses después de ese 28 de enero diferente, con un paso impetuoso,  los combatientes internacionalistas y angolanos cumplieron con la palabra empeñada al expulsar, por primera vez, a las tropas del apartheid. De cierta forma, materializaban el pensamiento del más universal de los cubanos: Servir es mi anhelo, y ver felices a los hombres”

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