viernes, 23 de diciembre de 2016

Ignacio Agramonte, el héroe sin tacha




Por José Gilberto Valdés
Como el “héroe sin tacha” es una de las apreciaciones con las cuales, en más de una treintena de artículos y discursos, José Martí se refirió a Ignacio Agramonte Loynaz,  uno de los principales jefes mambises de la Guerra de los Diez Años (1868 - 1878)  contra España que gobernaba a Cuba con brazo de hierro ensangrentado.
Cierto es que el adolescente Martí, residente en La Habana por esos años, no pudo tener vivencias personales acerca del patriota camagüeyano, quien alcanzó en las sabanas de Camagüey --en la región oriental de la Isla-- los grados de Mayor General.

 Sin embargo, la pluma martiana siguió paso a paso las huellas del héroe junto a otros insurrectos notables de la gesta independentista: "Por su modestia parecía orgulloso; la frente, en que el cabello negro encajaba como en un casco, era de seda, blanca y tersa, como para que la besase la gloria; oía más que hablaba, aunque tenía la única elocuencia estimable, que es la que arranca de la limpieza del corazón; se sonrojaba cuando le ponderaban su mérito; se le humedecían los ojos cuando pensaba en el heroísmo, o cuando sabía de una desventura; o cuando el amor le besaba la mano…"
Este 23 de diciembre, los cubanos tienen momentos de reflexión especial en el aniversario 175 del  natalicio de Ignacio Agramonte en la otrora Villa de Santa María del Puerto del Príncipe. A los 27 años de edad, este abogado de fuertes ideales independentistas dejó a un lado la desahogada vida de una familia pudiente para colocarse al lado  de los hombres y mujeres que emprendieron la marcha por el  tortuoso camino en la formación de la nacionalidad cubana.
Muchas personalidades de la guerra independentista siempre expresaron palabras de elogio, como  Carlos Manuel de Céspedes, primer presidente de la República de Cuba en Armas, con quien en ocasiones tuvo desacuerdos en la forma de conducir la guerra, lo llamó “Heroico hijo” el 8 de julio de 1873. En ese propio año, Ramón Roa Garí lo definió como un «Hombre de hierro».
Los veteranos de la guerra le llamaban “Paladín de la vergüenza”. Enrique Collazo Tejada, destacado brigadier del mambisado cubano,  quien combatió a sus órdenes, se refirió a él como “Salvador de la revolución y coloso genio militar”, en tanto el patriota cubano Manuel Sanguily  le dio realce continental, al llamarlo en 1917, “Un Simón Bolívar”.
El dominicano  Máximo Gómez, que ostentó las mayores jerarquías militares en las dos guerras contra la colonia española consideró que el patriota camagüeyano estaba llamado a ser el “Sucre cubano.
En  una carta que Manuel de Quesada le escribiera el 20 de enero de 1870, que trasciende a nuestros tiempos: “En fin, amigo mío, siga U. siendo el modelo de los jóvenes y la admiración de los viejos, y no dude que llegará a adquirir un nombre preclaro (…)”
Ignacio Agramonte no abandonó en ningún momento el único camino decoroso en la lucha por la independencia de Cuba, en la que asciende además como disciplinado jefe militar, organiza una caballería de centauros armados de rifles cortos, machetes, que se convirtió en orgullo entre los revolucionarios y temor para el enemigo.
“El Mayor, como lo conocía su tropa cayó en combate el quinto año de la guerra independentista, víctima de su patriótica osadía, cuando el 11 de mayo de 1873, organizaba el combate a una columna de soldados españoles en los potreros de Jimaguayú, al sur de la ciudad de Camagüey.
En el centenario de ese acontecimiento, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz analizaba: “Habría sido terrible para el resto de los revolucionarios, posiblemente no se habría producido el alzamiento en Las Villas, y con toda seguridad España concentrando sus fuerzas habría podido aplastar en un tiempo relativamente corto a los patriotas orientales, si no se hubiese consolidado el levantamiento armado en Camagüey. Y esa fue incuestionablemente obra y mérito de Ignacio Agramonte”.
Y sentenciaba la continuidad histórica entre aquella lucha y los tiempos actuales al decir: “Y si queremos saber cómo deben ser los camagüeyanos en esta lucha contra la pobreza, en esta lucha por el desarrollo, en esta lucha por la Revolución: ¡Como los soldados de Ignacio Agramonte! ¡Y cargar al machete, como cargaba su caballería gloriosa en aquella épica contienda!”.

Fuentes consultadas:
Blog “El Lugareño” del autor

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