viernes, 19 de junio de 2015

LA TRADICIÓN POPULAR DEL SAN JUAN

  •  Durante tres siglos se ha celebrado la fecha de manera profana y es una de las fiestas con más arraigo en la Isla
  • Primero eran festejos con la cosecha o venta de ganado, luego se enraizó como tradición en las generaciones de camagüeyanos
  • La música de tambores de herencia africana se sumaron a los paseos en la década del 20 del siglo anterior
  • Se celebran desde el 24, Día de San Juan, al 29 fecha de San Pedro
Por José Gilberto Valdés
La actual calle Avellaneda era una de las principales de la otrora Villa Principeña
Las tradicionales fiestas del San Juan vuelven a la ciudad de Camagüey, en la región oriental de la Isla, como en cada mes de junio en la otrora Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, a partir de la segunda década de los años 1700.
Estos festejos han sobrevivido durante tres siglos pues nacieron con un definido carácter criollo, popular, siempre que la primavera había cubierto los campos de verdor. Por esa fecha, irrumpían  en las cercanías del poblado las partidas de ganaderos que acudían con sus rebaños de reses a los corrales de una especie de mercado anual, que interesaban al hacendado –señorío trabajador según describe José Martí-, como al comerciante.
Terminada la dura faena, festejaban las transacciones de compra-venta con competencias de caballos, paseos de volanta y amenas tertulias. (1)
Puede imaginarse una tropa de jinetes, entrando a galope por la entonces la extensa y céntrica calle de San Juan o de las Carreras, --actual Avellaneda-- y donde se abrían las puertas de las viviendas para acoger a los ganaderos con gustosos manjares y bebidas.
  Además, en muchos lugares se prepara un excelente ajiaco, un caldo de origen taíno, cuya receta enriquecieron los nuevos pobladores con carnes saladas de res y cerdo, además de una variedad de viandas. Era plato habitual entre la gente “del campo” y también preferente en las cocinas pueblerinas.
Cronista de las fiestas “sanjuaneras”, el hijo de esta comarca Gaspar Betancourt Cisneros, El Lugareño,  escribió en 1853  “Era todo un saltar en la cama, almorzar o no, ir al pesebre o patio, ensillar el caballo, salir a la calle a dar carreras, gritos desaforados, provocar a los mirones, invitarlos, llevárselos, burlarse de las viejas, decirse sendas claridades, al feo, feísimo, al tonto tantísimo, al plebeyo, plebeyísimo (…)”  (2)
Por su parte, en su libro “Leyendas y tradiciones del Camagüey” el poeta y ensayista contemporáneo, Roberto Méndez Martínez destaca: “A pesar de su nombre genérico no se trataba de una fiesta religiosa sino profana que se ubicaba de manera estable entre las celebraciones católicas de San Juan Bautista (24 junio) y San Pedro (29 junio), aunque muchas veces su extensión es mayor”. (3)
A la fiesta se sumaron los paseos vespertinos de volantas con refinados pasajeros y  bellas camagüeyanas (Amalia Simoni fue elegida reina de la nobleza en 1866)(4), junto a carretas engalanadas,  personas cubiertas de cabeza a los pies con sábanas, “ensabanados”,  y otros rústicos disfraces, conocidos como “mamarrachos”,  hasta la controversial “caza del verraco”.
Como estos festejos tradicionales tienen un origen popular, muy criollo, se produjo una larga pausa en las celebraciones, cuando la algarabía se tornó en carga al machete durante las guerras emancipadoras.
Los sanjuanes en tiempos de la República, en esta ciudad a 570 kilómetros al este de La Habana,  se convirtieron en una quimera para comerciantes, quienes buscaban beneficio y propaganda con el engalanamiento de calles y orquestas invitadas, las carrozas distintivas de marcas y establecimientos, las serpentinas, confetis y la selección de las “reinas” del carnaval.
En la década del 20 al 30 la música de tambores de origen africano se suma los festejos a través de las congas y se convierten imprescindibles en los paseos. Incluso el “toque” de esas agrupaciones camagüeyanas organizadas en los barrios se distingue de otras en el país. (5)
No obstante, tuvo sus momentos malos. En su columna periodística Pisto Manchego, (6) escribió Nicolás Guillen  el 28 junio 1925: “Sin contar con que no hay nada más poco patriótico que alegrarse ahora, cuando el país está profundamente preocupado por el descenso del azúcar, por la escasez de trabajo (…) Pero está visto: Cuba es un pueblo al que nadie lo arregla, ni el propio Machado…”
 Luego del triunfo de la Revolución,  el San Juan Camagüeyano asimila variaciones en su concepción con la nomenclatura carnaval, cambio de fechas, pérdidas de costumbres y la asimilación de alternativas.(7) Poco a poco se fue reajustando a la fecha de junio,  y en el año 1994 que retoma el nombre “fiesta sanjuanera” y los camagüeyanos retoman esta tradición popular.
Faltan solo unos días para que el 24 de junio inicie el San Juan camagüeyano, que según valoraciones de historiadores junto a Las Charangas de Bejucal (La Habana); las Parrandas de Remedios, (Villa Clara), y los carnavales de Santiago de Cuba, son las fiestas con más arraigo en la isla. Serán cinco días de fiesta en toda la ciudad, hasta que en la tarde del 29, culminará la fiesta con el simbólico entierro de San Pedro.

Notas:
1.    El Camagüey Legendario, segunda edición 1960, que tuvo muchos dueños hasta que llegó a mis manos.
2.    El Aguinaldo Habanero, l837
3.    Editorial Ácana, 2013
4.    Amalia Simoni, patriota camagüeyana, esposa del Mayor General Ignacio Agramonte en la Guerra de los Diez Años.
5.    http://www.adelante.cu/index.php/es/lecturas/cronicas-sueltas/779-congas-camagueeyanas-y-notas-de-su-historia
6.    Publicadas en el diario “El Camagüeyano”, los años 24 y 25 pasado siglo.
7.    http://www.pprincipe.cult.cu/ciudad-pasado/el-san-juan-camagueyano-despues-revolucion-variaciones-una-concepcion-tradicional.htm

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