lunes, 4 de marzo de 2013

LA DOCTRINA MONROE NO HA EXPIRADO



Por José Gilberto Valdés 
En la tarde del 4 de marzo de 1960 la ciudad de La Habana se estremeció por  fuertes detonaciones que provenían del puerto. Durante la descarga de municiones en una de las bodegas del buque francés “La Coubre” se produjo una explosión que causó la muerte y heridas a obreros portuarios enfrascados en la faena.
 Posteriormente, otra explosión incrementó la cifra de víctimas entre los combatientes del Ejército Rebelde, policías, bomberos y personas que participaban en las tareas de salvamento. Un centenar de fallecidos y alrededor de 400 lesionados  fue el saldo del intento del enemigo de aterrorizar al pueblo cubano que respaldaba la victoriosa Revolución y se disponía a fortalecer su defensa.
No se trataba de un accidente por mal manejo de la carga del material de guerra. Las evidencias, sin dudas, corresponden a un criminal sabotaje contra  un naciente proceso de bienestar social, en el que aún no se había mencionado la palabra socialismo.
Apenas trascendían los primeros pasos en la Reforma Agraria, y la población se beneficiaba con la rebaja de los alquileres, la disminución del costo de la electricidad y la telefonía.
La doctrina Monroe no había expirado en el pensamiento imperialista del Gobierno de los Estados Unidos. Otra vez Cuba era el objetivo.
En 1823, en su mensaje al Congreso, el presidente de Estados Unidos James Monroe da a conocer su política exterior hacia la constitución de un bloque continental en el cual instauraba su dominio. 
Un año después, la influencia de esa idea se dirige al sur del continente americano y las Antillas, con intervenciones militares en Puerto Rico, México, Nicaragua y el entonces territorio de Panamá, hasta que en 1898, la misteriosa explosión del acorazado “US Maine” es el pretexto para inmiscuirse en el conflicto cubano- español.
Con el transcurso de los años, las fuerzas armadas yanquis  irrumpen en otros estados latinoamericanos con hipócritas aportes al “progreso” y la “democracia”, pero con el real fin de organizar regímenes autoritarios a la imagen y semejanza del modelo que pretendían los vecinos del Norte “en virtud de la superioridad de nuestra raza”  (William Taft, 1912).
Tras los crueles acontecimientos del 4 marzo de 1960, en Cuba prosiguieron sabotajes, invasiones y amenazas, pues la doctrina Monroe ha persistido en la política de los sucesivos gobiernos norteamericanos, a quienes causa ojeriza cada logro de nuestro proyecto social de todos y para el bien de todos, a 90 millas de las narices del tío Sam.
La arrogancia del imperio ha sido replicada durante medio siglo en el criminal bloqueo económico, comercial y financiero, que impacta masiva, sistemática y flagrantemente en la vida cotidiana de los cubanos. Pero aquí estamos de ¡Patria o Muerte!, la consigna surgida a raíz del sepelio de  los fallecidos en el sabotaje del buque “La Coubre”.

(Fuentes consultadas: “La explosión de La Coubre”. Revista Bohemia y “En nombre del “destino manifiesto” Edición española Le Monde Diplomatique)

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