lunes, 14 de mayo de 2018

Las cartas de Martí a su madre


Por José Gilberto Valdés
En medio de los preparativos finales para su regreso como guerrero a Cuba,  cuando su prolífera pluma colma papeles, entre ellos el Manifiesto de Montecristi, el 25 de marzo de 1895, no deja de pensar en su madre, Doña Leonor Pérez Cabrera.
El primogénito  de la familia Martí – Pérez, fusión de sangre valenciana  y canaria, tiene más referencias epistolares con la madre que con el respetado Don Mariano, recto, honrado y justo. Ella siempre aspiraba a que “Pepe” recapacitara en su perenne rebeldía frente al yugo español, que ya había recibido la primera acometida de los cubanos, infructuosa pero esperanzadora.
En la propia fecha de la firma del documento elaborado junto a Máximo Gómez, envía una carta a la madre:

« Yo sin cesar pienso en UD. Ud. se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de Ud. con una vida que ama el sacrificio? […]El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre»

El posible que la primera carta dirigida a su madre, quien aprendió a leer y escribir por su cuenta --contraria a las costumbres  que sojuzgaban a la mujer de la época--, la escribió José Julián a la edad de los ocho años, durante un viaje a Caimito del Hanábana,  para contarle de los campesinos, gallos finos y un caballo. Posteriormente están las procedentes desde Matanzas, donde se sintió impresionado y amargado por la crueldad de la esclavitud del negro en el campo.
Cuando tenía 15 años están entre sus primeros versos aquellos bajo el título “A mi madre”:
«Madre del alma, madre querida,
Son tus natales, quiero cantar;
Porque mi alma, de amor henchida,
Aunque muy joven, nunca se olvida […]
La correspondencia más dolorosa para la querida madre fue, sin dudas, la originada en  el cautiverio Canteras de San Lázaro

«Mucho siento estar metido entre rejas, pero de mucho me sirve mi prisión. Bastantes lecciones me han dado para mi vida, que auguro que ha de ser corta, y no las dejaré de aprovechar… »

¡Cuánto dolor en el corazón de madre causó aquella fotografía con grillete en el pie!
«Mírame madre, y por tu amor no llores,
si esclavo de mi edad y mis doctrinas
tu mártir corazón llené de espinas,
piensa que nacen entre espinas flores»
José Martí siempre expuso su pesar por los años obligados a vivir alejado de Doña Leonor, sumido a sus ideales y el ajetreado quehacer en el exilio  para reanimar el pensamiento de los cubanos para la guerra necesaria por una Patria, una Cuba libre. En una misiva a su amigo Manuel Mercado, en diciembre 1887, desde Nueva York destaca:

 «Mamá está como conociéndome de nuevo: y yo triste, porque las dificultades de obrar bien, y de hacer bien en el mundo no me dejan disfrutar plenamente del goce de verla […] Al fin pude hacerla venir, por unos dos meses. Con la vida de trabajos que llevo, apenas tengo hora libre de la noche para verla, pero esto me basta para sentir menos frío en las manos y volver cada día con más estímulo a la faena.»

Leonor no pudo ver reposar en su ingente esfuerzo independentista a su querido “Pepe”, muerto en combate de su “Pepe”,  el 19 de mayo de 1895 en Dos Ríos, a la edad de 42 años.




*Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez Cabrera nace en Santa Cruz de Santiago, Tenerife (Islas Canarias), el 17 de diciembre de 1828. Ama de casa.
** Mariano de los Santos Martí y Navarro, nace en Valencia el 31 de octubre de 1915. Oficios de sastre, sargento de artillería, celador de barrio, capitán de partido. Sufrió pobreza por carecer de empleo durante largas temporadas.






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