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domingo, 27 de mayo de 2012

La otra Carlota africana si consiguió la libertad


Decenas de miles de voluntarios cubanos apoyaron la lucha por la soberanía angolana
Por José Gilberto Valdés

 Muchas veces recuerdo aquella mañana del 26 de marzo de 1976,  en la que al regreso de un vuelo de reconocimiento  en una avioneta  por el suroeste de Angola  comuniqué a mi jefe que al parecer no había fuerzas enemigas en el camino por donde avanzaban  nuestras tropas.

Pero tenía algo más que decir, mientras el dedo índice recorría el mapa de vuelo: “… en la lejanía, fuera de los límites de exploración, observé una larga hilera de polvo sobre la mata (bosque)…era muy grande para ser manada de animales…se dirige al sur”.

La posterior lectura del artículo “Operación Carlota”,  publicado por Gabriel García Márquez en la revista Tricontinental (1977), y otros textos de referencia histórica,  me ha hecho pensar más de una vez si fui testigo, en aquel entonces,  de una de las páginas victoriosas  de la más prolongada y masiva  misión militar internacionalista cubana, que se extendió desde finales noviembre 1975 hasta mayo de 1991.


Para 350 mil voluntarios cubanos que atravesaron el Atlántico, en aviones y barcos,  son comunes los nombres de regiones angolanas donde se libraron importantes combates como Quifangondo, Benguela, Morros de Medunga, Catengue, Alto Balombo, Cassinga, Ebo, Calueque,  Cangamba, Sumbe, Tchipa y Cuito Cuanavale.

El inicio de la primera etapa (Noviembre 1975 a  marzo 1976) de la “Operación Carlota” transcurrió como un silencio a voces. Cada semana era más intenso el movimiento de medios militares y tropas  hacia puertos cubanos, mientras se apreciaba un número inusual de barcos con nombres en español  en la bahía de Luanda. Esa era la respuesta al pedido de ayuda del Agostinho Neto, líder del  Movimiento Popular  para  la Liberación de Angola, ante la amenaza a la independencia de ese país africano.
 
 El propio Secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger  expresó al  presidente venezolano Carlos Andrés Pérez: "Cómo estarán de deteriorados nuestros servicios de información, que no nos enteramos de que los cubanos iban para Angola sino cuando ya estaban allí".

 La preparación y traslado de los combatientes de las fuerzas regulares y de la reserva militar  estuvo rodeada de una rara combinación de la seriedad del acontecimiento político y bélico, junto a la alegría y orgullo de quienes tenían el privilegio –esa es la definición adecuada- de ser seleccionados para formar parte de las unidades internacionalistas.

Anécdotas acerca del enrolamiento se pueden contar por miles. La gente hacia lo inimaginable  para incluirse entre los voluntarios que marchaban a la guerra  a diez mil kilómetros de distancia de sus hogares y seres queridos.

Yo tengo recuerdos personales: El hermano de un colega que subió a última hora al barco y durante los meses de la misión la esposa le escribía cartas a mi nombre. El grupo que aguardaba en el puerto de Nuevitas, para sustituir a cualquier indeciso en el momento de ascender por la escalerilla. El pueblo que se aglomeraba en las calles para saludar al paso de la columna de ómnibus de la operación secreta. El contramaestre del buque que armó la algarabía en Luanda,  porque unos estibadores  de alguna manera habían conseguido uniformes verde olivo y se incorporaron a los pelotones desembarcados.

En la tierra angolana, incontables fueron las muestras heroicas y  de altruismo de nuestros compatriotas. No pocas las penas y lágrimas por los compañeros caídos en cumplimiento del deber internacionalista. En la misión ofrendaron sus vidas 2077 cubanos.

Cuando regresé en julio de 1976 pensé que todo había terminado con la retirada de los agresores sudafricanos y la derrota de los fantoches de la UNITA (Unión Nacional para la Integración Total de Angola) y el FNLA (Frente Nacional de Liberación de Angola), además de los soldados zairenses y mercenarios.

Sin embargo, durante más de quince largos años, en mayor o menor cantidad, contingentes de militares y colaboradores civiles, hombres y mujeres, ratificaron y fortalecieron los valores internacionalistas del pueblo cubano  con su apoyo a la soberanía de Angola.

Se cumplen 22 años de la culminación de la mayor campaña militar cubana. La rebelde esclava africana, con cuyo nombre  se denominó la operación, puede sentirse orgullosa de los herederos de su vigor y valentía cuando se sublevó contra la opresión española.  La otra Carlota si consiguió la libertad frente al racismo y colonialismo en tierras africanas.


 (Con información personal del autor y Cubadebate)

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