jueves, 6 de octubre de 2011

Razones para la indignación de un pueblo

Por José Gilberto Valdés
josegvaldes@gmail.com

Las primeras luces del día sorprendieron a los habitantes de la ciudad de Camagüey, en la región centro oriental de la Isla de Cuba, que dirigían sus pasos a rumbos distintos a centros laborales, las escuelas o las universidades. La Patria los había convocado a una mañana distinta, a otra jornada histórica en los casi cinco siglos de la villa.

Cuatro columnas humanas convergieron en el Casino Campestre, el mayor parque urbano del país. Los acompañaban una sola razón: alzar enérgica y virilmente sus puños y voces contra la injusticia de un imperio y sus acólitos vendepatrias.

Hoy es un día triste, pero de reafirmación revolucionaria.

La presencia de tantas caras jóvenes, lleva a la conclusión de muchos de los asistentes en la multitudinaria concentración de camagüeyanos no habían nacido hace 35 años, cuando una noticia penetró muy hondo en el corazón de los hijos de la Mayor de las Antillas. El 6 de octubre de 1976, manos criminales de la mafia anticubana radicada en los Estados Unidos habían organizado y hecho explotar en el aire una nave de Cubana de Aviación, con 73 civiles a bordo – tripulantes, deportistas, estudiantes, técnicos, amigos –frente a las costas de la isla caribeña de Barbados.

No es cuestión de asombro. Esta juventud de hoy, como las generaciones antecesoras, se ha forjado en el crisol de la lucha. No han podido doblegarnos. Estamos orgullos de nuestra soberanía e independencia. Tenemos una Revolución victoriosa en nuestras manos.

Una suma de razones, permite rendir honor a todos los caídos en 50 años de lucha, hoy, en el Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado.

Bien sabe el pueblo norteamericano cuánto dolor causa la multiplicación por mil de las víctimas de un acto terrorista, desde el fatídico 11 de septiembre con el ataque terrorista a la Torres Gemelas.

Poco saben, sin embargo, de los por qué un pueblo indignado reclama justicia para sus verdugos, terroristas confesos, que durante cinco décadas han provocado la muerte a más de ocho mil cubanos, y aun caminan por las calles de Norteamérica sin el merecido castigo.



NOTAS ACLARATORIAS, TOMADAS DE LA AGENCIA DE INFORMACIÓN NACIONAL

1976: Terror ante las costas de Barbados


“Las manos asesinas de los venezolanos Hernán Ricardo y Freddy Lugo colocaron las cargas mortíferas en el avión y luego lo abandonaron.
….
“Otras mentes siniestras concibieron el hecho hasta el mínimo detalle: las de Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila. … siempre se vanagloriaron de su participación y gozaron, con total impunidad, del amparo cómplice de las autoridades de EE.UU.

“Freddy Lugo, tras cumplir 17 de los 20 años a que fue condenado por este hecho, declaró al rotativo estadounidense The New York Times, que él fue solo "un peón en las maquinaciones de exilados cubanos".

“La periodista venezolana Alicia Herrera, autora de un libro sobre aquel nefasto suceso, cuyos testimonios hoy tienen plena vigencia, dejó en letras impresas, para la posteridad, una frase que le dijera Hernán Ricardo, la cual encierra todo el cinismo, la prepotencia y falta de humanidad de los culpables: “Pusimos la bomba. ¿Y qué?”.

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