jueves, 23 de junio de 2016

SAN JUAN Y LA MAQUINA DEL TIEMPO




Por José Gilberto Valdés
Me gustaría “coger botella” en la máquina del tiempo del escritor británico Hebert George Wells (The Time Machine) y decirle que me deje en uno de los zaguanes de cualquiera de las viviendas de familia distinguida en la calle de San Juan o de las Carreras, hoy Avellaneda, en la fecha del 24 de junio de 1730, en plena región centro oriental de la Isla de Cuba.


FLASHBACK Desde hace un par años echa raíces una tradicional fiesta mundana en esta arteria principal y en otras estrechas calles de la Villa de Santa María del Puerto de Príncipe cambia su imagen de esplendor bonanza por la algarabía de la gente de campo. Así tendría la posibilidad de ver el ir y venir de jinetes en briosas cabalgaduras, entre voces y cantos. Quizás hasta encuentre un “tatarapariente” entre hacendados, montunos y criadores de ganado.

 Pero es que también observo como los lugareños se contagian y abren sus puertas a la alegría de la primavera y brindan bebidas y ricos manjares. Los visitantes traen en alforjas carnes saladas y viandas con la que preparan un habitual y criollísimo caldo al que llaman ajiaco. Esta es una época para la venta anual de las vacas engordadas en los potreros y, por tanto, había un pretexto para la fiesta mundana más que la celebración católica del Día del San Juan Bautista.

Recuerdo que en las Escenas Cotidianas Gaspar Betancourt  describe en 1853 estos festejos: “Era todo un saltar de la cama, almorzar o no, ir al pesebre o patio, ensillar el caballo, salir a la calle a dar carreras, gritos desaforados, provocar a los mirones, invitarlos, llevárselos, burlarse de las viejas, decirse sendas claridades, al feo, feísimo, al tonto, tontísimo, al plebeyo, plebeyísimo.[...]Lo cierto es que las frases usuales y de estilo eran las más groseras, y a veces obscenas, y que nuestros buenos abuelos y abuelitas las pronunciaban, oían y celebraban como un chiste del escudero de Don Quijote.”

Con el pasar de los años, esa fiesta popular fue sumando otras atracciones producto de la quimera de comerciantes como los Paseos de carrozas y comparsas, áreas de bailables, engalanamiento de calles y, finalmente, el toque distintivo en el país del tambor africano en las congas. De esta forma, los pobladores de la Villa Principeña ponían una marca distintiva y a la vez sui generis en el esplendor de la cultura camagüeyana

FORWARD En los primeros minutos del 24 de junio de 2016, inicia el “San Juan Camagüeyano.  Según valoraciones de historiadores junto a Las Charangas de Bejucal (La Habana); las Parrandas de Remedios, (Villa Clara), y los carnavales de Santiago de Cuba, son las fiestas con más arraigo en la isla antillana.

Un cúmulo de propuestas culturales y recreativas han sido diseñadas para satisfacer los gustos de la población y como reflejo de las tradiciones  de la  ciudad de Camagüey.

El 24, en algunos barrios se cocinará el tradicional ajiaco, aunque en realidad es una acción de los vecinos que ha menguado considerablemente, al igual que engalanamiento de las calles, por falta de iniciativa y promoción en la comunidad.

Medios de prensa han divulgado la preparación en la capital provincial de una veintena áreas de fiesta con talento artístico del patio e invitados, además el Teatro del Pueblo, que estará en la Plaza del Gallo, la Casa de la Trova “Patricio Ballagas”, el Rincón del Humor y la Feria Agropecuaria, entre otros.


Serán cinco días de fiesta en toda la ciudad, hasta que en la tarde del 29, culmine con el simbólico entierro de San Pedro. Quizás invite a una refrescante cerveza camagüeyana –Tínima- al amigo Hebert en gratitud por el viaje hasta el año 1730.

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