miércoles, 17 de febrero de 2016

El albañil de la Revolución (+ Video)

Por José Gilberto Valdés
¿Es una leyenda? De cierta manera, los cubanos tenemos muchas razones para cada 17 de febrero, por su nacimiento, y 11 de septiembre, desde que no esta físicamente, para  evocar con frases sinceras al Comandante Almeida, su singular sonrisa y mirada. Un hombre que en la realidad nunca se rinde.


 
Nacido en la capital del país hace 89 años, como cubano negro en aquellas “repúblicas democráticas” sólo  tuvo la oportunidad de un puesto de albañil, entre otros oficios menores, inestables. La situación económica solo le permitió avanzar hasta el octavo grado, pero no impidió su afán por la lectura.
Pero “Macho” era de una familia humilde -once hermanos, la madre en quehaceres de su casa y el padre periodista honrado- y miró con recelo el golpe militar del general Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952.
Esa inquietud rebelde pudo encauzarla cuando era taquillero y mozo de limpieza en el Balneario de La Habana, donde conoció al líder estudiantil Fidel Castro. El espíritu revolucionario se desbocó, y Almeida formó parte del grupo de asaltantes al cuartel Moncada, que el 26 de julio de 1953 cambió el rumbo de la historia cubana.
Años después rememoraría: “A la hora de repartir las armas, pedí un M-1, un Springfield o una pistola. Me dijeron: ‘No, nada de eso hay aquí. A ti lo que te toca es un fusil calibre 22".
Luego del revés en los muros de la fortaleza militar es capturado. Entre las fotos del acontecimiento histórico, hay una de Almeida junto a Fidel y el cuadro de José Martí. En el juicio declaró que sus ideas provenían “de las lecturas de obras de Martí y de las historias de nuestros mambises (…) si tuviera que volver a hacerlo, lo haría, que no le quepa la menor duda a este tribunal”.
Convertido ahora en el albañil  de la Revolución, siguió el camino de la prisión fecunda, el exilio en tierras mexicanas para reiniciar la lucha armada contra la dictadura batistiana. Al partir en el Granma a finales de 1956, el patriota-compositor musical define el estado de ánimo del momento en la canción La Lupe: “Que mi tierra me  llama a vencer o a morir”.
En el bautismo de fuego de los expedicionarios en Alegría de Pio, al sur de la entonces provincia de Oriente, su voz se alzó, enérgica y viril, “Aquí no se rinde nadie, c….” Una frase que inspiró los combates en la Sierra Maestra y constituye el legado del temerario guerrillero y eminente político en la defensa de la Revolución socialista.

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