martes, 30 de noviembre de 2010

MÉDICOS , ENFERMEROS, TRABAJADORES DE LA SALUD: LOS MEJORES EMBAJADORES CUBANOS

Cuando estamos a pocas horas de la celbración del Día de la Medicina Latinoamericana da gusto leer cosas como la que escribe mi colega María del Carmen Fuentes:

Qué bueno saber que en los últimos 7 días, gracias al descomunal esfuerzo de los médicos cubanos en Haití, no se ha reportado ningún fallecido por cólera en los 37 centros asistenciales atendidos por los galenos de esta Isla. Hasta hoy 26 040 personas afectadas por el cólera recibieron allí tratamiento. La Brigada “Henry Reeve” se incorpora con 12 centros más(1 100 nuevas camas, en casas de campaña).
Y me apropio de esta noticia para subrayar el valor extraordinario de la Escuela Cubana de Medicina, ese de formar profesionales capaces de enfrentarse a contingencias y pandemias con la vocación, para bien, exageradamente humanizada.
Pero este es tan solo un ejemplo, !y tremendo ejemplo!. Porque pudiera hablarse de tantos y en tantas latitudes del mundo, ahora que se acerca el 3 de diciembre, Día de la Medicina Latinoamericana, un momento en el que exaltamos la labor cotidiana no sólo de los galenos, sino de todo el personal de la salud que se consagra dentro o fuera de las fronteras de Cuba.
Si merecen la significación los que parten a tierras lejanas, tanto o más se la debemos a esos que cubren con un doble esfuerzo el puesto de su colega internacionalista y que no se quejan del cansancio ante sus pacientes. Esos que no tienen horario para ofrecer una consulta verdadera, sin límites de enfermos ni de horas, o la enfermera que consuela el cuerpo y el espíritu, o el paramédico que justo a tiempo reanima y traslada junto al ambulanciero y logran salvar una, dos..., cuántas vidas.
Cuando está más próximo el día que escogimos para honrar a quienes nos cuidan la salud, honrando a un médico ejemplar: Carlos J. Finlay, camagüeyano infatigable y descubridor del agente trasmisor de la fiebre amarilla, agradecemos a todos los que ya forman parte de nuestra historia personal y familiar.
Sí, porque ellos, los buenos, los que persisten investigando para diagnosticar con acierto, los que luego de una operación no abandonan al paciente y tras el tiempo pueden recordar el caso, o los técnicos eficientes, manos derecha del galeno, y también aquellos que ya no están, resultan inolvidables. A veces podemos agradecerles, pero en otras tantas ocasiones, no.
A todos, entonces, los que se desandan tierras ajenas, y los del hospital cercano, los del consultorio, de la policlínica, que los reconocemos por su ética y su consagración verdadera, llegará el reconocimiento de muchas y muchas personas que con ellos y ellas, se sienten en deuda porque más que profesionales han sido esencialmente ALTRUISTAS SERES HUMANOS
Publicado por María del Carmen Fuentes Pérez en 16:49

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