martes, 23 de agosto de 2016

SOY FEDERADO



Por José Gilberto Valdés
Ante la noticia del estímulo, sumé la modestia con el rezago de machista en decadencia que prevale entre los cubanos de mi generación intermedia. Sonreí para no ser irrespetuoso pero, en modo alguno, puedo olvidar la reacción negativa inicial. Tuve un refuerzo positivo y cedí a la insistencia femenina.
Ahí está, desde hace quince años. Entre los reconocimientos civiles y militares, hay uno que para mi resulta sui generis. Se trata de la distinción “23 de Agosto” que otorga la Federación de Mujeres Cubanas, una organización de masas a la cual pertenecen más de 4 millones de cubanas, alrededor del 90 por ciento de ese sector poblacional desde la adolescencia

Les cuento.
La década de los setenta, en la redacción del periódico provincial ADELANTE era mayor la proporción de reporteros en la calle, pues las compañeras realizaban otras funciones entre cuatro paredes. Recuerdo sólo a una mujer fotógrafa, Juanita cuyo apellido se me ha perdido en el tiempo, y a la periodista Soledad Cruz, en las corresponsalías. Con el pasar de una década llegó el aluvión de graduadas universitarias y aún no escampa. De 170 miembros de la Unión de Periodistas de Cuba en la provincia agramontina, el 54 por ciento son féminas. Bienvenidas.
De aquellos años, en que éramos más, me tocó un reto en la repartición de las fuentes informativas: difundir el creciente quehacer de las camagüeyanas que buscaban con abnegación, esfuerzo y altos valores su lugar en cualquier campo económico, social, cultural de la dialéctica  un pueblo en Revolución. Hoy contamos con ellas, hombro a hombro, desde el aula, el taller, servicios de salud hasta en una cosecha agrícola. Aunque poco hacemos para aliviar las tareas de su “doble empleo”.
Al escribir estas líneas, agradezco la oportunidad de conocer a mujeres emprendedoras, en tareas tan complejas y económicas como la zafra azucareras, de manera que entrevisté a las primeras operadora de máquina  KTP y  conductora de camiones, que hicieron zafra en Vertientes, y también a las santacruceñas que fue génesis de la columna “Ana Betancourt” incorporada a las labores agrícolas. Me complace saber que en la actualidad hay directoras de centrales azucareros.

Muchos prejuicios he visto quedar en el camino, cada vez que la profesión periodística me ha enfrentado, fraternalmente, a una maestra, doctora, científica, obrera, jefa de colectivos de hombres…sin dudas, inspiradas en la energía y sensibilidad de Vilma, la eterna presidenta de la FMC.
Reglón aparte quiero reflejar las experiencias personales al compartir trincheras en tierras africanas con compañeras combatientes, para quienes buscábamos una flor silvestre en el Día Internacional de la Mujer, y de la brigada médica que compartieron la cena, en una visita inesperada.
Otras tareas me desvincularon directamente a la fuente informativa, pero no perdemos la oportunidad de la comunicación jocosa o con la seriedad del momento. La dirección de la FMC tiene la deferencia de invitarme a los contactos festivos del Día de la Prensa Cubana.
Es un placer apreciar a los cuatro puntos cardinales de la extensa llanura camagüeyana desde la sencillez a la complejidad de los procederes de las compatriotas que refuerzan siempre cada escenario de la Revolución Cubana.
Por tal razón, en más de una oportunidad digo que soy federado…y a mucha honra, sobre todo por ser eco de las palabras de José Martí: “Esta mujer cubana, tan bella, tan heroica, tan abnegada, flor para amar, estrella para mirar, coraza para resistir”

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