miércoles, 11 de mayo de 2016

EL ORGULLO DE SER AGRAMONTINOS



Recurrente para los hombres y mujeres de la provincia de Camagüey es la sentencia “con la vergüenza”, cada vez que enfrentan un contratiempo en el quehacer cotidiano.

La frase tiene origen histórico, en momentos decisivos al inicio de la  guerra  independentista (1868 – 1878), cuando Ignacio Agramonte Loynaz discute con un oficial inseguro por el futuro de la contienda:

¿No está viendo usted lo contrario todos los días? ¿Con qué recursos cuenta usted, General, para continuar la guerra?

Agramonte no demora su respuesta. Dice, rápido:

—Con la vergüenza.


Esta es una de las principales razones por las cuales los residentes en esta región centro oriental cubana se sienten orgullosos del gentilicio “agramontinos”.

Hoy, 11 de mayo, todos rememoramos al insigne patriota en el 143 aniversario de su caída en combate en el potrero de Jimaguayú, a una treintena de kilómetros al suroeste de la ciudad de Camagüey.  Desde la madrugada  de esa fecha de 1873 llegaron noticias de la presencia del enemigo español, en una zona conocida por Agramonte y arenga a su tropa para la batalla.  Solo tenía 31 años cuando una bala mortal impactó su sien derecha.

Ignacio Agramonte no abandonó en ningún momento el único camino decoroso en la lucha por la independencia de Cuba, en la que asciende además como disciplinado jefe militar, organiza una caballería de centauros armados de rifles cortos, machetes, que se convirtió en orgullo entre los revolucionarios y temor para el enemigo.

En las lecturas previas a este trabajo periodístico, encontré el fragmento de una carta que Manuel de Quesada le escribiera el 20 de enero de 1870, que trasciende a nuestros tiempos:

“La etapa que comienza a recorrer la Revolución, será difícil; sea U. constante y firme como hasta aquí (…) propenda a la unión de todos los cubanos, único medio de vencer a un enemigo que ha sabido unirse para combatirnos. En fin, amigo mío, siga U. siendo el modelo de los jóvenes y la admiración de los viejos, y no dude que llegará a adquirir un nombre preclaro (…)”


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