domingo, 4 de mayo de 2014

EL SOLDADO QUE SIRVIÓ EN TRES EJÉRCITOS DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL



A este curioso relato accedí a través de un Email de www.linkedin.com. Te lo puedes leer de un tirón, gracias a la hilvanada y ágil escritura empleada por Ireneu Castillo (Barcelona, 1968), articulista, bloguero, historiador vocacional y contador de acontecimientos pocos conocidos  como el que reproduzco hoy en El Lugareño. Como el autor señala: no tiene desperdicio.
En una guerra, las motivaciones para ir al frente a luchar suelen ser de las más variopintas. 

Prisionero en Normandía
Desde los que luchan por sus principios -ya sean por uno u otro bando- , como medio de ganarse la vida, por obligación al ser reclutados por sus ejércitos... o por simple mala suerte. En este último contingente entrarían todos aquellos que, sin comerlo ni beberlo, se ven inmersos en medio de la vorágine bélica y obligados a luchar quieran o no. Esto mismo fue lo que le sucedió al coreano Yang Kyoungjong, el cual, tras ser invadido por los japoneses, se vio forzado a formar parte del ejército nipón. Sin embargo, esto tampoco sería demasiado noticiable si no fuera porque el hombre acabó pegando tiros contra los americanos en el desembarco de Normandía. ¿Cómo pudo acabar un coreano capturado por los japoneses luchando con los nazis en Francia? Acompáñeme y se lo explico. No tiene desperdicio.
Yang Kyoungjong, nacido en la población coreana de Shin Euijoo en 1920, tenía tan solo 18 años cuando fue captado por los japoneses para que formara parte del ejército nipón. Unos
Yang Kyoungjong
años antes, en 1910, los japoneses habían invadido la península de Corea y continuaba su intento de expansión hacia el interior de China, Rusia y Mongolia. En 1938 encontraban en plena zarabanda de palos con el Ejército Rojo por el control de lo que se conoce como Manchuria, por lo que el hecho de disponer de carne fresca no nipona que enviar al matadero ya les venía la mar de bien. Empezaban así las desventuras del pobre coreano.
Después de un poco de tiempo de estar pegando tiros a favor de las fuerzas del emperador, en una escaramuza entre la caballería mongola y rusa contra la caballería japonesa en 1939, Yang fue capturado por el ejército bolchevique, siendo recluido en un campo de trabajo. Sin embargo, las hostilidades entre las tropas de Hitler y los aliados habían empezado en serio y el mundo se sumió en un profundo sueño de hostias, tiros y sangre del cual parecía que no había ninguna intención de despertar.
En 1942 los rusos, ante la dura ofensiva nazi en su frente occidental que estaba acabando en una auténtica masacre de hombres, decidieron echar mano de los prisioneros para reforzar el frente. En esta circunstancia, el régimen de Stalin les hizo escoger a los prisioneros -entre los cuales se encontraba Yang Kyoungjong- entre luchar en el Ejército Rojo contra Hitler o bien una sumarísima ejecución. Ante tanta amabilidad rusa, y el hecho de tener que elegir entre lo malo y lo peor, Yang escogió la opción que más posibilidades de mantener la vida le dejaba: el frente occidental en Ucrania. Y allá que le llevaron, de punta a punta de la Unión Soviética.
Yang estuvo luchando en aquel frente contra las tropas hitlerianas, participando en la llamada Batalla de Kharkov, pero al final cayó capturado por el ejército nazi en marzo de 1943. Sea como sea, los alemanes, al ver que no era soviético sino que había sido un prisionero de sus supuestos aliados japoneses forzado a luchar para salvar su vida, le ofrecieron la opción de participar en un batallón especial de asiáticos que luchaba para la Wehrmacht, el Ostbatalion. Teniendo en cuenta que Stalin ordenó que cualquier soldado ruso capturado que volviera con vida a la Unión Soviética fuera fusilado de inmediato, Yang tuvo clara -otra vez- la opción a escoger... ¡hala! Otra vez a pegar tiros, y cambiando otra vez de bando. En fin, mejor eso que le metieran un tiro en la cabeza los bolcheviques.
El desarrollo de la guerra y la expectativa de que los aliados hicieran un desembarco en la costa del Atlántico, hizo que los nazis enviaran este batallón de ojos rasgados hacia las playas de Normandía. El día 6 de junio de 1944, Yang Kyoungjong se encontraba justamente en la playa de Utah, en medio de todo el meollo del desembarco de Normandía y, como tantas otras veces anteriores, fue capturado, esta vez por paracaidistas norteamericanos. Realmente lo suyo no era ir con el caballo ganador.
Los aliados en un primer momento pensaron que era un japonés luchando con el ejército nazi, por lo que lo encerraron en un campo de prisioneros en Inglaterra. Sin embargo, cuando se encontraron otros 3 supuestos japoneses y vieron que no se podían comunicar con nadie más, se dieron cuenta de su error. Después de un periodo de detención, Yang decidió emigrar hacia los Estados Unidos, donde se radicó en Illinois y murió en el año 1992.
Yang Kyoungjong, en seis años, había luchado para 3 ejércitos diferentes con los cuales no tenía ninguna vinculación más allá de la obligación de salvar el pellejo. Hasta tal punto su aventura/desventura había dejado marca en el ánimo de Yang -había sido capaz de sobrevivir allí donde millones de otros hombres habían muerto-, que nunca contó nada de ella a sus dos hijos y una hija que tuvo al iniciar su nueva vida en Estados Unidos. No fue hasta el año 2002 en que un periódico coreano dio a conocer la increíble historia de su compatriota, llegando a hacerse una película con ella (My way, 2011).
Está visto que el destino, a veces, se divierte a nuestra costa de la forma más truculenta posible.
 (Tomado del blog "Memento Mori!" , de Ireneu Castillo)

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