miércoles, 13 de agosto de 2014

UNA SORPRESA PARA FIDEL



Por José Gilberto Valdés
El enemigo fue totalmente derrotado y el país, desde Cabinda hasta Cunene quedó absolutamente liberado.
Las semanas finales de noviembre de 1976,  un batallón de  combatientes internacionalistas cubanos, seleccionados entre los que participaron en  la guerra de Angola, se preparaba para desfilar el 2 de diciembre  por la Plaza de la Revolución José Martí, en La Habana, para celebrar  el vigésimo  aniversario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
La nación africana estaba libre desde el 27 de marzo de invasores sudafricanos y zairenses, mientras se habían replegado las bandas fantoches de la UNITA. Aquellas  marchas desplegadas en zafarrancho de combate por caminos rodeados de  “la mata” (selva), de Cabinda a Cunene, ahora eran sustituidas por prácticas de infantería  de los voluntarios cubanos en la contienda bélica.

La presencia de un  contingente de esos combatientes, por primera vez, en el desfile en La Habana era una sorpresa preparada para Fidel y todo el pueblo. Los instructores, una y otra vez, reiteraban la pregunta: ¿Qué pasará cuando esta gente entre a la Plaza? Por tal razón, a la largo de la antigua pista aérea de Managua, en la capital del país, se colocaban los bloques de las escuelas de cadetes y unidades militares que habitualmente están presentes en otras conmemoraciones en la Plaza, quienes al paso del batallón gritaban consignas y hacían gestos para desviar la concentración de los  internacionalistas.
Incluso, esos compañeros asistieron, de manera discreta, en un acto en la Ciudad Deportiva, con la presencia de Fidel, donde se presentaron los nuevos uniformes que se emplearían en las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Ahí todo trascendió en un ambiente, relajado, con un comportamiento distendido.
La fecha del desfile fue pospuesta por la situación climática. La mañana del 4 de diciembre fueron otros los resultados. El batallón desfiló marcialmente hasta la entrada de la Plaza de la Revolución “José Martí”, pero ¿Quién podría soportar la emoción y mantener el paso de infantería, la altura del pie, el ritmo al compás de la música,… cuando el sistema de audio identificó la presencia del bloque de  combatientes internacionalistas?
El Comandante en Jefe Fidel Castro comenzó a aplaudir efusivamente, con una amplia sonrisa, y llamaba la atención al resto de los presentes en la tribuna, hacia comentarios con las personalidades allegadas. Un fuerte estruendo se sintió por las expresiones de júbilo del pueblo reunido en  la histórica explanada de la capital del país.
Así las cosas, un par de cascos se deslizaron de las respectivas cabezas y fueron  literalmente pateados como pelotas de fútbol. Las líneas de combatientes, tantas veces ensayadas para la perfección, se tornaron cóncavas y convexas. Nadie había podido valorar  la magnitud de las muestras de admiración, que sacaron del paso a esos modestos hombres de carácter curtido en la lucha. La sorpresa fue para Fidel…y para nosotros.

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