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martes, 3 de abril de 2012

Medio siglo de una joven organización cubana

Por José Gilberto Valdés

La reiterada y valiosa presencia de jóvenes en la obra de la Revolución cubana justifica la referencia a la expresión Juventud divino tesoro, aunque en modo alguno se concuerde con el segundo verso del poeta nicaragüense Rubén Darío: ¡ya te vas para no volver! , en su “Canción de otoño en primavera”.

El cuatro de abril, en Cuba una asociación cumple medio siglo de quehacer soberano. Es válida la hora de un recuento en torno a la Unión de Jóvenes Comunistas – UJC- que ha tenido la responsabilidad histórica de promover a generaciones de cubanas y cubanos hacia las tareas priorizadas de una sociedad con todos y para el bien de todos.

Es un honor sentirse testigo y protagonista del acontecer de esa organización juvenil heredera de las luchas callejera y armada contra la tiranía de Fulgencio Batista (1953 - 1959).

Los años posteriores al triunfo de las fuerzas revolucionarias se multiplicaron los programas en beneficio del pueblo, y también de confrontación de ideas con los enemigos dentro y fuera del país con sus intenciones de detener el proceso social diferente, de nuevos valores humanos, antimperialista.

Como antecedente hay que apuntar la labor de la Asociación de Jóvenes Rebeldes (1959 - 1962), inspiración del Comandante Ernesto “Che” Guevara para integrar de manera a muchachos ambos sexos, independientemente de su origen social y creencia religiosa.

Un rol decisivo tuvo la AJR en la campaña de alfabetización, que llevó la luz de la enseñanza hasta los rincones más apartados del archipiélago cubano. Impuso un sello indiscutible entre los integrantes de las baterías antiaéreas que defendieron la invasión mercenaria y otras acciones de las heroicas Milicias Nacionales Revolucionarias. Promovió el fortalecimiento y la asimilación de las nuevas tecnologías en las nacientes Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Cincuenta abriles se suman de la integración de las organizaciones juveniles en la construcción de una sociedad socialista.

Se rejuvenecen los recuerdos de la manera en que se enfrentaron los grandes retos en el desarrollo de la economía. La provincia de Camagüey, en la región centro oriental de la Isla, poseía un gran déficit de fuerza de trabajo y fue crisol de voluntades de esa generación de cubanos.

Complace con orgullo haber compartido tareas en la histórica Zafra de los Diez Millones (1970) y luego escrito acerca de miembros la Columna Juvenil del Centenario, fundada el 3 de agosto de 1968, quienes dejaron una imborrable huella en el desarrollo agropecuario, sobre todo en la producción azucarera, y la multiplicación de industrias en la llanura camagüeyana. Posteriormente, ese contingente se unificó con unidades de las Fuerzas Armadas Revolucionarias también presentes en la batalla económica, y surge el Ejército Juvenil del Trabajo.

No se puede olvidar la rica experiencia junto a otros jóvenes comunistas que voluntariamente formaron parte de los más de 300 mil compatriotas que marcharon como combatientes internacionalistas a tierras africanas.

Prácticamente, cada década de la Revolución se caracteriza por determinadas tareas de vanguardia y en ellas han participado los jóvenes. Los actuales retos en el perfeccionamiento del modelo social, indiscutiblemente, son diferentes a los forjadores de los años sesenta, creadores de los setenta, combativos en los ochenta o los de supervivencia de los noventa. Presente en cada etapa, sin duda alguna, ha estado y estará el orgullo del pueblo cubano por su divino tesoro: la juventud.

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