Por José Gilberto Valdés
En el ingenio El Oriente
todavía existen estructuras de viviendas, cercas de piedras, barracones y la
fábrica de azúcar que han retado el paso de los años. A una veintena kilómetros
del poblado de Sibanicú, en reiterado paisaje de llanura del centro de la Isla,
bordeada arboledas y pastizales para la ganadería, el lugar custodia una
trascendental página de las luchas independentistas: el once de noviembre de
1868 Ignacio Agramonte Loynaz se suma al pequeño contingente de insurrectos
camagüeyanos.


